Cómo comprar electrodomésticos con sentido común

La compra de un electrodoméstico siempre supone un desembolso de cierta importancia, incluso aunque se trate de un pequeño aparato. Y a veces nos dejamos llevar por un capricho, por un buen comercial o por lo que vemos anunciado, adquiriendo aparatos que realmente no necesitamos o a los que no vamos a sacar todo el partido que pueden ofrecer. Por ello es importante pararse a pensar un momento antes de comprar cualquier electrodoméstico.

Quizá donde más se peque es en lo relacionado con pequeños electrodomésticos. Quién no tiene alguno guardado desde hace años en un armario. Tal vez en plena ola de calor echemos de menos una heladera, pero hay que valorar el uso y el precio antes de comprarla, tal vez nos resulte más barato comprar los helados ya hechos. Y lo mismo ocurre con freidoras, exprimidores, pequeños robots y un sinfín de aparatos diseñados para hacer la vida más cómoda y deliciosa, pero que a veces acaban en el más absoluto de los olvidos después de unos cuantos usos.

En el caso de electrodomésticos grandes, hay que fijarse en otras cuestiones. Un frigorífico o una lavadora son imprescindibles, pero no todos son iguales, y conviene dedicar un tiempo a analizar todos los detalles para hacer le elección correcta.

Lo primero de todo, evidentemente, es el consumo energético. Un electrodoméstico de la clase A ++ será algo más caro, pero esa diferencia de precio se compensará en poco tiempo con el ahorro de energía que supone.

Pero también hay que pensar en el uso. Tal vez una lavadora con capacidad para 7 kilos de ropa parezca ideal, pero no siempre lo es. Para una familia sí, para lavar edredones o ropa de hogar voluminosa, también. Pero no para una pareja que tardará días en llenarla ¿qué ocurrirá? Que se acabará poniendo a media capacidad. Y es solo un ejemplo.

Elegir bien los electrodomésticos puede suponer un gran ahorro, hacerlo mal, será tirar el dinero desde el mismo momento de la compra.